Existen días, como hoy, en los que todo tiene color.
El amarillo de levantarme temprano por la mañana, hacer deporte, ver el mundo moverse a mi mismo compás...
El verde de desarrollar también la mente estudiando, leyendo, jugando también un rato en tonos rojizos, tocando mi blanca y nacarada batería, deleitándome con sus destellos.
El azul de mi propia habitación, tan grande en estos momentos que puedo recorrerla libremente sin terminar nunca su horizonte, y es negra la noche cuando me asomo a la ventana, y entre la oscuridad miles de pequeñas motas de colores resistiendose a dormir.
Hay muchos días grises pero hoy, quizá gracias a ellos, el mundo tiene más color.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
viernes, 21 de noviembre de 2008
Hoy me he visto de nuevo inmerso en un mundo que me resulta totalmente carente de sabor, sin satisfacciones, sin metas a las que aspirar y, lo peor, sin caminos que me lleven hasta ellas, que hagan del día a día algo con significado y no meramente un espacio temporal que hay que atravesar para llegar al dia siguiente.
Falto de motivaciones.
Y lo peor está por llegar: esto suele ser el eco perdido que desata el alud de la montaña que acaba arrasando con todo.
domingo, 16 de noviembre de 2008
domingo, 9 de noviembre de 2008
Lobo estepario
Supongo que todos, en mayor o menor medida, nos sentimos como Harry Haller y su pequeño gran Lobo Estepario interior. Siempre me he tenido por un chico muy inteligente, y quizás ese ha sido mi problema... la música "normal" nunca me ha llenado, y he buscado por los recovecos de mi vida lanzar el sedal a ver qué pez sacaba, buscando con ansia esa riqueza en matices que no encontraba por los caminos convencionales.
El colegio nunca me supuso esfuerzo alguno, y pasé sin pena ni gloria curso tras curso, con notas aceptables, gracias a las cuales nunca me fue enseñado que las cosas cuesta trabajo conseguirlas (esa falta de constancia me sigue pasando factura en mi mediocre expediente universitario). Pero en casa en esa época me tenían por trabajador gracias a mi modesto expediente y me recompensaban por ello con creces (no es tampoco ningún secreto a ocultar que vivo en una familia moderadamente acomodada).
Poco a poco el tiempo pasó, y a partir de los 14 o 15 años empiezas a desarrollar una personalidad, una forma de entender la vida, la ordenación social, la política; que va chocando de forma más o menos frontal con personas que, hasta entonces, habían sido excelentes compañeros de risas y juegos. Quizá aquí también haya jugado su papel esa inteligencia relativamente destacable de la que hablo.
Lo preocupante es que cada vez encuentro menos gente que me satisfaga intelectualmente, menos gente con la que me agrade pasar un rato hablando. Cada vez soy más irritable y me molesta la ostentación de la más profunda subnormalidad que por desgracia es poco a poco más frecuente ver por la calle.
Es ahora cuando más me está atacando mi pequeño lobo estepario, haciendo brotar en mi interior un afán de soledad más por odio a la sociedad que por propia necesidad. Me gusta hacer cosas solo. Pasar largo tiempo en la intimidad de mi cuarto cada vez me cuesta menos...
Pero a la vez al término del día siento que el humano que hay en mí necesita sus dosis de cariño, que somos seres sociales y estar totalmente solo tampoco me sienta bien.
Y entonces me doy cuenta de que a estas horas, necesitado de calor humano, me encuentro envuelto en el frío de la noche esteparia, en la soledad que yo mismo me he procurado... y descargo mi ahogo en estas palabras, no sé si como llamada de auxilio, no sé si pidiendo ayuda o, sencillamente, tratando de vomitar aquello que oprime mi garganta...
domingo, 2 de noviembre de 2008

-Levanta de ahí y escribe algo... te sentará bien.
-No tengo nada que contar... ¿qué quieres que escriba?
-Lo que sea... tú eres el creativo, el que siempre está triste, el melancólico... y además es ya tarde, y llevas días sin poner nada aquí, cuenta lo mal que lo pasas día a día en este mundo que no es más que un mar enorme en el que perdernos o cualquier chorrada similar.
-Si son chorradas, ¿para qué voy a escribirlas? Déjame, sólo quiero quedarme aquí tirado, con mi música.
-Como quieras... pero tienes que salir algún día, se te va a atrofiar el corazón de no usarlo.
-Quizá algún día salga. Quizá algún día vuelva a encontrar ejercicio para él... pero ahora no hay nada con qué alimentarlo, así que déjame en paz con mi guitarra.
[...]
-¿Te ha sentado bien?
-¿El qué?
-Escribir algo.
-No lo sé... puede... ¿Tú no te ibas?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

