martes, 15 de diciembre de 2009

La gran duda.


-Salir, frío, una copa, bailar sin ganas, hacer el ridículo, reírte de ello, fantasear con aquella, otra copa, más bailes, más risas, mareos, ir a mear, quedarte apoyado en la pared, pensar en tus cosas, venga, otra más, y más bailes, y más risas... y dan las 6, y vamos al Manolo, y más frío, y churros con chocolate, y volver a casa, y violar la nevera, un litro de agua, ibuprofeno y a dormir con la mañana mirándote desde la ventana.

-Quedarte en casa, guitarra, mantita y peli.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

domingo, 12 de julio de 2009

Autobús

Y allí estaba, sentado en la última fila del autobús de vuelta a casa, donde pensó que podría estar tranquilo, donde pensó que podría encontrar un remanso de paz antes de volver a la rutina, y donde lo encontró de una forma que jamás hubiera imaginado.

Hacía ya media hora que aquella chica, tras inspeccionar todos los asientos, le había dedicado una mirada cómplice al entender que no tenía más remedio que colocarse a su lado, le había dicho con tono casi susurrante y un liviano acento inglés “buenas noches”, manteniendo una sonrisa tímida en la boca mientras se sentaba y recibía la cortés e idéntica respuesta.

Hacían veinte minutos que empezó a hacerse notorio el cansancio de ella, y sus cabezadas cada vez más amplias, siguiendo siempre el mismo ritual: poco a poco en cada curva se iba deslizando su cabeza hacia un lado, hasta llegar a un tope imaginario (cada vez más lejano) tras el cual, ligeramente sobresaltada, volvía a levantar la cabeza a su posición inicial y a esperar la siguiente curva.

Hacía apenas un cuarto de hora que uno de esos balanceos contactó con su hombro, quedando la cabeza de ella acomodada sobre él. Ella por fin podía descansar tranquilamente, y él, enamorado del momento, sólo quería que lo hiciera de esa manera, sirviéndose de su hombro para resguardarse. No sabía si ella era consciente de el contacto o no, pero lo que tenía por seguro es que la situación era perfecta. Cualquier mínimo detalle distinto habría hecho del resto del viaje una anécdota ciertamente incómoda.

Pensó un instante que quizás era triste que de todo el contacto humano que había tenido en varios días, ese fue el más reconfortante que encontró, pero al momento desapareció de su cabeza esa idea, ya que en la misma sólo tenía cabida el cariño que irracionalmente le estaba profesando a aquella desconocida, y la paz que le transmitía el sentirla descansando sobre su hombro.

jueves, 18 de junio de 2009


Hoy sólo... sólo quiero dejar una huella.

Sé que tarde o temprano el mar o el viento, duros y crueles enemigos del recuerdo, acabarán por borrarla, pero hoy me apetece pisar. Pisar y ver que de alguna pequeña manera algo de mi queda. Aunque sea breve, aunque sea fútil, aunque realmente no sirva de nada.

Esta noche sólo quiero decir nada.

Y que quede constancia de mi nada.

miércoles, 3 de junio de 2009



¿Quién soy?

Últimamente es una pregunta que me viene demasiado a la mente, y lo malo es que después de horas muertas reflexionando sobre ello no he llegado a ninguna conclusión.

Me doy cuenta de que con cada grupo de gente que me relaciono adopto un rol distinto, una máscara... quizás lo haga todo el mundo, incluso de manera mucho más acusada; de hecho pienso que soy una persona a la que externamente no se me notan esos cambios adaptativos, pero desde mi perspectiva todo es distinto.

Desde dentro cada vez que entro en un grupo que conozco bien me deformo de una forma grotesca, me transformo en aquel 'yo' que un día fue aceptado y valorado entre esa gente, y no sé si detrás de toda esa deformación sigo siendo yo mismo en realidad, o si es que soy muchas personas a la vez... o directamente no soy ninguna de ellas.

Y lo peor... lo peor viene cuando me encuentro a la vez en varios grupos. Mi mente se tensa ante la imposibilidad de adaptar dos roles simultáneamente, y acabo optando por la tranquilidad de alejarme de todo e intentar "ser".

Y en realidad no sé si lo consigo.

viernes, 27 de febrero de 2009

Escritura pseudo-automática


Tirando de reservas. Viviendo de recuerdos: Malviviendo.
Una persona necesita ilusiones. Necesita nuevos recuerdos para no gastar los viejos. Y yo a veces te recuerdo tanto que me da miedo gastarte, pero la distancia es ya insalvable y, en realidad, creo que hace ya mucho tiempo que dejé de querer saltar para salvarla.
Tu lado me reconforta... pero no sé si es sólo por comparación al vacío de mi propio lado.
¿Y si cuando sea viejo no me recuerda nadie?

[garabatos]

¿Y si cuando sea viejo no recuerdo a nadie?
¿Y qué más da? El mundo se va a enterar igual que si nunca hubiera existido. El único al que realmente le importa es a mi, y a veces no estoy seguro de ello.
Dicen que las cosas cambian cuando menos te lo esperas, pero yo ya no sé esperar menos.
Pasa día tras día, mal cumpliendo con mis obligaciones más o menos voluntariamente aceptadas, raptando el entretenimiento más inútil cada segundo de mi tiempo, hasta verme aquí tirado en la cama, esclavo de un impulso irrefrenable de escribir todo cuanto pase por mi cabeza, con miedo a que seque al final la poca tinta que le queda a este viejo bolígrafo, porque en ese momento mis pensamientos volverán a ser fútiles, presos de su fugacidad.
Muerte y sangre en mi propia habitación sería un título cojonudo.

Ven, lenta muerte del sueño, a llevarme de nuevo a pequeños refugios de imaginación, a esconderme de esta realidad gris, a encerrarme en mejores vidas para volver a ésta otra vez (cuando me despierte la mañana).

lunes, 19 de enero de 2009


Volver a verle las orejas a la realidad.

A ver una realidad en la que no me gusta estar.

Ver una realidad que me asusta.

Una realidad que no puedo evitar.

Que no quiero evitar.

No tengo ganas de salir huyendo.

Tengo ganas de quedarme aquí tirado mientras me devora.

sábado, 3 de enero de 2009

La paciencia es amarga, dejar pasar el tiempo esperando a que algo cambie, aun a sabiendas de que puedes forzar su cambio.

Es mucho más cómodo quedarte en el colchón para que tú mismo entres por la puerta y te digas "pobre yo, el mundo me sobrepasa", y te des la palmadita en la espalda.

Eso no sirve de nada...

¿Realmente merece la pena el mundo ahí fuera? Puede que no, pero el mundo de ahí fuera es lo único que hay y, creete, sabes que entre toda la mierda hay pequeñas cosas que sí que la merecen. Pequeñas grandes personas capaces de la colosal proeza de alegrar por un rato tu estancia aquí. Pequeños grandes gestos capaces de calmar la sed.

Voy a por agua.