No sé realmente si alguien lee esto.
De ser así me agradaría saberlo, aunque fuera mediante un simple comentario anónimo en blanco...
La verdad es que no sé si me gustaría que alguien leyera asiduamente los lamentos más profundos de mis más macabras historias de amor, pero sí que me gustaría saberlo si alguien lo hace.
Si estás ahí, gracias por leerme, porque supongo que si entras asiduamente será porque algo de lo que soy yo te ha llegado. Que has encontrado en una de las piezas de mí mismo que expongo, una igual o parecida a alguna de las que te componen a ti.
Quizá solo esté escribiendo para nadie, igual que hago en el pequeño bloc que guardo debajo de mi cama, pero de alguna forma esta... "temeridad" de dejarlas en un sitio muy escondido, pero a la vista de todos, hace sentir que en realidad comparto mis lágrimas con alguien que, de alguna forma, me las seca.
Creo que dejo ya de divagar por mi encharcada mente... ha sido una noche muy intensa.
Buenas noches.
sábado, 19 de julio de 2008
Y es que encontré en ti un sitio tan cálido que mi grasa ya no me hizo falta, y tan suave que mi piel dejó de tener función, y no se me ocurrió jamás volver a asomar la cabeza y viví dentro de ti tanto tiempo que las tiré a ambas lejos de mí, para poder sentirte mejor.
Y es ahora que estoy fuera, que todo es frío y áspero, que todo escuece y quema, que ando refugiandome entre tus carnes cuando me lo permites, intentando entrar de nuevo al sitio del que fui desterrado.
Así será, hasta que mi nueva piel seque, se llene de grasa y pueda otra vez por mis propios medios aislarme de esta mierda de mundo.
Y es ahora que estoy fuera, que todo es frío y áspero, que todo escuece y quema, que ando refugiandome entre tus carnes cuando me lo permites, intentando entrar de nuevo al sitio del que fui desterrado.
Así será, hasta que mi nueva piel seque, se llene de grasa y pueda otra vez por mis propios medios aislarme de esta mierda de mundo.
martes, 8 de julio de 2008
Una guerra desnaturalizada
Una guerra es terrible siempre: reproches silbando de un lado a otro, besos incendiarios, preguntas corrosivas, verdades asfixiantes que cruzan una línea imaginaria que separa los dos bandos con el fin de hacerse daño hasta caer exhaustos de llanto.
Pero sin duda hay guerras peores que otras, y cuando la guerra está desnaturalizada se convierte en una guerra de locuras, donde la línea roja que separa a ambos bandos se convierte en una espiral de trazo discontinuo, donde un soldado no sabe ni siquiera a qué bando pertenece, ni a donde disparar...
Esas otras guerras, difuminadas, manchas en el cerebro y en el corazón que recuerdan tiempos pasados. Manchas también en los ojos, que no saben ya distinguir el presente (ni mucho menos el futuro). Manchas en las manos, que cubren las yemas de los dedos, para hacer del tacto de la piel algo extraño e irreconocible. Manchas en lo más profundo de los tímpanos, con el fin de oír siempre las peores invenciones que puedan ocurrirse, haciendo que duelan hasta las palabras más dulces. En la lengua también hay manchas, y en el interior de las fosas nasales, haciendo de olores y sabores de sobra conocidos, que en otro tiempo significaron perfectas tardes disfrutando en compañía, los peores precursores de recuerdos dolorosos.
Y al final ya ni sé si me encuentro solo o en compañía, ya no sé ni en dónde vivo, ni si mi corazón sigue latiendo en mi pecho o no, o es el de ella, que se ha quedado para siempre a dormir conmigo.
Ni siquiera sé ya si los besos los debo disparar a esa cara o a esos labios...
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