Y es que encontré en ti un sitio tan cálido que mi grasa ya no me hizo falta, y tan suave que mi piel dejó de tener función, y no se me ocurrió jamás volver a asomar la cabeza y viví dentro de ti tanto tiempo que las tiré a ambas lejos de mí, para poder sentirte mejor.
Y es ahora que estoy fuera, que todo es frío y áspero, que todo escuece y quema, que ando refugiandome entre tus carnes cuando me lo permites, intentando entrar de nuevo al sitio del que fui desterrado.
Así será, hasta que mi nueva piel seque, se llene de grasa y pueda otra vez por mis propios medios aislarme de esta mierda de mundo.
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