miércoles, 10 de agosto de 2011

Tercer Strike



El mundo de las relaciones, supongo que como a todos (no voy ahora a hacerme el especial), me resulta a veces muy sencillo y fácil de leer: es como un juego en una videoconsola. Es sencillo decirle a la gente lo que quiere oír, un poco más complicado decirle lo que necesita, y bueno, también puedes ser el malo de la película y dedicarte a insultar si te diviertes con ello.

Pero otras veces... otras veces sencillamente no entiendo de qué va el juego. Y lo odioso es estar jugando sin conocer las reglas, sin saber si cuando salga un seis en el dado vas a poder volver a tirar o vas directo a la cárcel sin pasar por la casilla de salida.

Por otra parte, todos en realidad hemos empezado a jugar a esto sin leernos el libro de instrucciones. Por suerte o por desgracia nos vamos encontrando con la casilla de la oca y descubrimos de un picotazo para qué sirve aquello... o te cae encima la ficha roja y ves con frustración cómo estás de vuelta en tu casa igual que empezaste. O no del todo: ahora entiendes un poco más cómo funciona tu entorno, a pesar de que todavía duela la caída.

Luego llega irremediablemente el momento en el que crees que ya lo tienes todo. Te has caído innumerables veces, han cerrado la baraja dejándote con el comodín en la mano, pero ya no te pillan en fuera de juego, ni con aquello del 'tres segundos en zona', eres el rey del matar, te pillan el último en 'paella', te haces el tejo entero en un solo turno...

Y de buenas a primeras un día descubres que ahora se juega con un palo, estás en la primera entrada y un señor con una máscara un poco extraña te escupe con saña 'strike tres, eliminado'.

Y todo lo que te queda es caminar hacia el banquillo con cara de póker.