sábado, 27 de diciembre de 2008

Generalmente hace más daño el miedo al fantasma que el fantasma en sí mismo.

jueves, 4 de diciembre de 2008


En una mano llevaba atada la felicidad. En la otra, la tormenta para ambos.

Dios sabe que nunca quiso ver zozobrar mi barco, azotado por las mareas que ella provocó, pero también que era peor aquella felicidad; aquella banal felicidad que la había satisfecho tanto tiempo había virado últimamente hacia un tono más pálido. La cama se había destemplado y el cálido edredón que conformábamos la tela y mi cuerpo no era ya tal cosa.

Hacía ya tiempo que seguía adelante como un rollo de papel: avanzando por inercia, dejando parte de sí misma en el camino, y de seguir así habría quedado tan desnuda e inservible como el cartón.

Había que elegir entre dos.

Y los dos perdimos.