miércoles, 31 de marzo de 2010


Poco a poco. Llenar la pecera. Caminos inciertos, caminos nuevos. Olor a sonrisas. Calidez analógica, venida de mundos digitales. Pequeñas ilusiones. Risas por escrito. Historias que no tienen pies, y aún menos cabeza; Ni lo pretenden: ellas se ven guapas así. Agua en la cara. Desdibujarme con la música. Eso siempre. Pero esta vez, lejos de las cornetas y tambores de penitencia propios de estos días, escucho alegres melodías que no prometen nada, pero levantan cejas y ensanchan pulmones.

Respirar hondo, que la brisa fresca es un bien escaso en estos días. Y que llene las velas, que la brújula marca un rumbo, aunque esté difuminado y no sepamos a dónde nos lleva. Y si cuando lleguemos está oscuro... pediremos algo de cenar.