lunes, 14 de noviembre de 2016

El frío.

Ahora que ha venido el frío, de sopetón y sin darme tiempo de rescatar el edredón del altillo, me he estado echando por encima un par de mantas gordas que tenía más a mano y, al acostarme y meterme bajo las frías sábanas, esperando a calentar con mi cuerpo el lugar lo suficiente como para que empezase a ser confortable, sentía el peso de las mantas.


Esta sensación es la que me ha llevado varias noches seguidas a mi infancia, a cuando íbamos a una casa de campo en Cazalla de la sierra, en mitad de una finca propiedad de mi abuelo, a pasar unos días con toda la familia de mi padre.
Aquella casa era especial, distinta a cualquier cosa que yo hubiese visto con aquellos jóvenes ojos. 
Era una casa rústica. Rústica... de verdad. Con muros de mampostería inmensamente anchos, tan anchos que cuando me situaba en la entrada, desde el quicio de la puerta, apenas alcanzaba a abrazarlos (hoy otro gallo cantaría), blancos encalados y repintados de mil veces, imperfectos en todos los aspectos, irregulares y con bastas alcayatas de hierro oxidado clavadas de donde colgaban ornamentos de madera y hierro viejo, escopetas y otros adornos sencillos. 
Por la puertecilla trasera se daba a un pequeño patio, recubierto entero de pizarra, que daba a otra estructura maravillosa que llamábamos 'La gatita paría', nunca supe muy bien el por qué de aquel nombre, que no era otra cosa que una antigua cuadra para caballos de sección cuasi circular, con un techo cónico enormemente alto de cuyo centro bajaba el tiro metálico de otra chimenea, más grande aún que la de la casa principal. De nuevo alrededor de ésta estaban dispuestos los elementos de esta estancia: camas nido colocadas en corrillo una detrás de otra en un anillo, y en una segunda altura, a un metro o metro y medio de la primera, otro anillo de camas nido con unas mesas de albañilería separando un poco unas de otras, adornadas casi todas con pequeños y medianos animales disecados (imagino que casi todos fruto de la afición por la caza menor de mi abuelo). Allí dormíamos las 7 familias que correspondían a los 7 hermanos de mi padre, y de cuando en cuando algunos invitados extrafamiliares más...
Y precisamente allí, en una de esas camas (en una de las de la planta alta de la casa principal), es a donde me retrotraigo. Una cama con el somier de muelles completamente vencido, tanto o más que el colchón, de forma que aunque mi tamaño y mi peso eran pequeños, se hundía completamente cuando me tumbaba en él, engulléndome como un monstruo de alambre y algodón, y recuerdo especialmente el peso de las tres o cuatro mantas necesarias para mantener el calor allí dentro, igual que estas noches.

Había una chimenea enorme en el centro del salón, como elemento central absoluto alrededor del cual se disponían unos bancos de albañilería, igual de toscos que los muros desde los que salían, y un largo sofá que enseñaba sin rubor los troncos finos de madera con los que había sido fabricado. Esos mismos troncos, aunque bastante más gruesos, son los que asomaban por el forjado del techo, protegidos a diferencia de los otros por una capa de pintura verde oscura, sujetando la planta de arriba de la manera que mejor podían, y esto era una manera muy irregular: haciendo del piso de arriba, que no tenía otra función que la de albergar una única estancia llena de camas y un par de ventanas incapaces de iluminar suficientemente la estancia durante el día; una superficie llena de crestas y valles, como si del propio campo enlosetado con piezas de barro se tratase.

Pero lo que más particular me parecía por aquel entonces era que aquella casa no tenía electricidad... o al menos no la tenía de la manera en la que yo creía que todas las casa del mundo la tenían: había un generador de gasoil que encendíamos por las noches para poder encender las luces y poco más hasta la hora de acostarnos, momento en el cual la única forma de poder ir al servicio (era el único sitio al que podías tener que ir a esas horas) era mediante unas linternas con unas pilas gordísimas, de petaca, que dejábamos guardadas durante el día en un gran cajón, y cogíamos por familias para irnos a la cama.


Tristemente desde que mi abuelo murió (y yo contaba 5 años) la casa se ha ido abandonando y deteriorando, en parte por la dejadez y en parte por el mal uso que le han dado varios primos míos.
Un año, después de muchos (muchos) sin pasar por allí, y de disputas familiares por querer venderlo todo, alguien nos dijo que el techo se estaba hundiendo, y que aquello estaba quedando para los restos.
El techo se terminó hundiendo, y hace un par de semanas tuvo que ir mi padre para allá, ya que al parecer finalmente hay un acuerdo para vender la finca y había que ver el estado de todo, y es cuando vino con la moral hundida, describiendo un espectáculo dantesco de escombros y animales muertos en aquellos sitios donde habíamos sido una familia tan unida y alegre.
Hacía ya mucho tiempo que todos habíamos dado aquel lugar por perdido, y a mí personalmente me importaba una mierda, pero saber que se ha convertido en un infierno de podredumbre en mitad del campo hace empañar los recuerdos buenos de aquello de una forma tan grotesca que duele.

viernes, 19 de abril de 2013

Siempre el cine.

De "The social network" a "The king of kong".

Y vuelta aquí.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Lineas.

Irracionales trazos de tinta que separan trozos de tierra. Aberrantes estrías con aires de grandeza. Absurdas pintadas de brocha gorda pretendientes del guardián de lo bueno y lo malo. Rayas difusas decolorando paisajes para miopes.

Una arista... en cualquier lado.

Putas líneas.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Tercer Strike



El mundo de las relaciones, supongo que como a todos (no voy ahora a hacerme el especial), me resulta a veces muy sencillo y fácil de leer: es como un juego en una videoconsola. Es sencillo decirle a la gente lo que quiere oír, un poco más complicado decirle lo que necesita, y bueno, también puedes ser el malo de la película y dedicarte a insultar si te diviertes con ello.

Pero otras veces... otras veces sencillamente no entiendo de qué va el juego. Y lo odioso es estar jugando sin conocer las reglas, sin saber si cuando salga un seis en el dado vas a poder volver a tirar o vas directo a la cárcel sin pasar por la casilla de salida.

Por otra parte, todos en realidad hemos empezado a jugar a esto sin leernos el libro de instrucciones. Por suerte o por desgracia nos vamos encontrando con la casilla de la oca y descubrimos de un picotazo para qué sirve aquello... o te cae encima la ficha roja y ves con frustración cómo estás de vuelta en tu casa igual que empezaste. O no del todo: ahora entiendes un poco más cómo funciona tu entorno, a pesar de que todavía duela la caída.

Luego llega irremediablemente el momento en el que crees que ya lo tienes todo. Te has caído innumerables veces, han cerrado la baraja dejándote con el comodín en la mano, pero ya no te pillan en fuera de juego, ni con aquello del 'tres segundos en zona', eres el rey del matar, te pillan el último en 'paella', te haces el tejo entero en un solo turno...

Y de buenas a primeras un día descubres que ahora se juega con un palo, estás en la primera entrada y un señor con una máscara un poco extraña te escupe con saña 'strike tres, eliminado'.

Y todo lo que te queda es caminar hacia el banquillo con cara de póker.

sábado, 30 de abril de 2011

Noches taciturnas. Silencios. Pensamientos absurdos. Huracanes que arrasan momentos. Dudas. Locuras. Preguntas. Dormir...

Mejor dormir.

domingo, 27 de marzo de 2011

Hay algo que es mucho peor que la peor de las noticias, y eso es la incertidumbre de la misma.

La muerte no es tan mala como otros males a priori no tan dramáticos, precisamente por nuestra certeza de ella. Como seres sociales (y es irónico que sea yo el que diga esto), necesitamos contacto, necesitamos respuestas, especialmente de nuestros seres más queridos, necesitamos sentir que están ahí, hasta en los momentos en los que menos quieres verlos. Necesitamos saber que van a estar ahí a pesar de los pesares, y la incertidumbre del 'no saber' es mucho más amarga que la certeza del peor mal.

Supongo que todo viene de nuestro instinto animal del miedo a lo desconocido, de no saber afrontar lo que venga. Si tienes delante algo que ves, oyes, sientes, conoces... puedes empezar a idear estrategias para abordarlo, puedes empezar a evaluar las posibles situaciones, incluso elucubrar lo mal parado que puedes llegar a salir, y eso es tranquilidad en la tormenta.

La ansiedad de lo oscuro, la gota fría por el cuello, el vacío en el pecho... a eso no se acostumbra uno nunca.

martes, 8 de febrero de 2011


No hay días, ni horas. Sólo momentos. Hay pequeños momentos de melancolía, y a veces en ellos divago por escrito y empotro por ahí (a veces por aquí) mis nulas pretensiones artísticas.
Por suerte últimamente tengo poco de eso, hay veces en la vida en las que las cosas fluyen solas, como encarriladas, y saludas al mundo que pasa debajo (-Hey, ¿qué tal te va?. -Todo bien. Todo va.), agitando la mano pausadamente, tranquilo, disfrutando del paisaje.

¿Por qué?... ¿Acaso importa? No lo sé. Ni me importa. Pero puestos a estar aquí, es bastante mejor cuando todo va que cuando el gris te inunda.

Hay pequeñas piezas con las que te topas, que hacen de tu viaje un sitio un poco más cómodo. Más sincero. Más sencillo. Es probable que esas pequeñas cosas sean precisamente las grandes destructoras del arte, que se nutre principalmente de la desdicha y el pesar de los más pudientes. Pero también estoy seguro que todos y cada uno de los grandes melancólicos de la historia habrían preferido una vida sencilla, sincera y cómoda antes que ese vacío que motiva su inspiración.

Aunque también (digo yo) hay quien se inspira dentro de su felicidad...
Yo soy demasiado egoísta como para compartirla.

Si vienen malos momentos, o pierdo parte de mi egoísmo, volveremos a vernos.

sábado, 4 de diciembre de 2010


Tengo tres balas.

Una es para él. Otra es para ti.

Luego me pensaré si tengo fuerzas para continuar con todo.

lunes, 25 de octubre de 2010


Es simple, es sencillo: al final tendrás dos cartas en tu mano, para combinar con cinco cartas comunes, expuestas para todos en la mesa. El que tenga la mejor combinación entre sus cartas y las de la mesa gana, en caso que queden jugadores que no se hayan retirado por el camino, claro.

Dos cartas en tu mano, una ronda de apuestas.

Dos cartas en tu mano, tres en la mesa, una ronda de apuestas.

Dos cartas en tu mano, cuatro en la mesa, una ronda de apuestas.

Dos cartas en tu mano, cinco cartas en la mesa, y una última ronda de apuestas.

Es como todo en la vida: has de aprender a leer de los gestos de los demás la información que es sólo suya intuyendo qué cartas pueden tener, y valorarlas con respecto a las tuyas. ¿Crees de verdad que tu jugada es la mejor? Apuéstalo todo.

Como todo en esta vida... puede salir mal.

Pero siempre quedarán más partidas.

martes, 13 de julio de 2010

Atrás, lejos quedó la adolescencia: Etapa de sonrisas tontas, de decisiones infantiles, de indecisiones maduradas... o casi; de 'jiji', de 'jaja', y del nervio ante la conciencia primera de vivir en un mundo lleno de complicaciones e inseguridades.

Hoy todo es más reposado, aprendimos poco a poco, grano a grano a entender el nuevo idioma, a leer en los gestos, en las situaciones, a saber cuándo hay batalla y cuándo hay que retirarse y recoger los trastos; a degustar sonidos, ambientes, momentos, victorias... a paladear dolores, tensiones, hedores, derrotas...

Aun así, es divertido de vez en cuando recordar cómo fuimos y enfundarnos en la piel de la pubertad. No está mal un 'jiji' 'jaja' de vez en cuando.

jueves, 13 de mayo de 2010

Un barco está seguro en un puerto, pero un barco no es para eso.

lunes, 19 de abril de 2010

La ambulancia cantará para ti la misma canción de siempre:
La de las ilusiones rotas, la de las muñecas oxidadas.

Pero en realidad nada va a cambiar, y despertarás confusa y aturdida, con los ojos bañados en mil aguas, y al tiempo volverás a encontrar otra montaña de cartón piedra que intentar escalar, y perderás pie, y caerás de nuevo.

Y la ambulancia cantará para ti la misma canción de siempre.

miércoles, 31 de marzo de 2010


Poco a poco. Llenar la pecera. Caminos inciertos, caminos nuevos. Olor a sonrisas. Calidez analógica, venida de mundos digitales. Pequeñas ilusiones. Risas por escrito. Historias que no tienen pies, y aún menos cabeza; Ni lo pretenden: ellas se ven guapas así. Agua en la cara. Desdibujarme con la música. Eso siempre. Pero esta vez, lejos de las cornetas y tambores de penitencia propios de estos días, escucho alegres melodías que no prometen nada, pero levantan cejas y ensanchan pulmones.

Respirar hondo, que la brisa fresca es un bien escaso en estos días. Y que llene las velas, que la brújula marca un rumbo, aunque esté difuminado y no sepamos a dónde nos lleva. Y si cuando lleguemos está oscuro... pediremos algo de cenar.

martes, 15 de diciembre de 2009

La gran duda.


-Salir, frío, una copa, bailar sin ganas, hacer el ridículo, reírte de ello, fantasear con aquella, otra copa, más bailes, más risas, mareos, ir a mear, quedarte apoyado en la pared, pensar en tus cosas, venga, otra más, y más bailes, y más risas... y dan las 6, y vamos al Manolo, y más frío, y churros con chocolate, y volver a casa, y violar la nevera, un litro de agua, ibuprofeno y a dormir con la mañana mirándote desde la ventana.

-Quedarte en casa, guitarra, mantita y peli.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

domingo, 12 de julio de 2009

Autobús

Y allí estaba, sentado en la última fila del autobús de vuelta a casa, donde pensó que podría estar tranquilo, donde pensó que podría encontrar un remanso de paz antes de volver a la rutina, y donde lo encontró de una forma que jamás hubiera imaginado.

Hacía ya media hora que aquella chica, tras inspeccionar todos los asientos, le había dedicado una mirada cómplice al entender que no tenía más remedio que colocarse a su lado, le había dicho con tono casi susurrante y un liviano acento inglés “buenas noches”, manteniendo una sonrisa tímida en la boca mientras se sentaba y recibía la cortés e idéntica respuesta.

Hacían veinte minutos que empezó a hacerse notorio el cansancio de ella, y sus cabezadas cada vez más amplias, siguiendo siempre el mismo ritual: poco a poco en cada curva se iba deslizando su cabeza hacia un lado, hasta llegar a un tope imaginario (cada vez más lejano) tras el cual, ligeramente sobresaltada, volvía a levantar la cabeza a su posición inicial y a esperar la siguiente curva.

Hacía apenas un cuarto de hora que uno de esos balanceos contactó con su hombro, quedando la cabeza de ella acomodada sobre él. Ella por fin podía descansar tranquilamente, y él, enamorado del momento, sólo quería que lo hiciera de esa manera, sirviéndose de su hombro para resguardarse. No sabía si ella era consciente de el contacto o no, pero lo que tenía por seguro es que la situación era perfecta. Cualquier mínimo detalle distinto habría hecho del resto del viaje una anécdota ciertamente incómoda.

Pensó un instante que quizás era triste que de todo el contacto humano que había tenido en varios días, ese fue el más reconfortante que encontró, pero al momento desapareció de su cabeza esa idea, ya que en la misma sólo tenía cabida el cariño que irracionalmente le estaba profesando a aquella desconocida, y la paz que le transmitía el sentirla descansando sobre su hombro.

jueves, 18 de junio de 2009


Hoy sólo... sólo quiero dejar una huella.

Sé que tarde o temprano el mar o el viento, duros y crueles enemigos del recuerdo, acabarán por borrarla, pero hoy me apetece pisar. Pisar y ver que de alguna pequeña manera algo de mi queda. Aunque sea breve, aunque sea fútil, aunque realmente no sirva de nada.

Esta noche sólo quiero decir nada.

Y que quede constancia de mi nada.

miércoles, 3 de junio de 2009



¿Quién soy?

Últimamente es una pregunta que me viene demasiado a la mente, y lo malo es que después de horas muertas reflexionando sobre ello no he llegado a ninguna conclusión.

Me doy cuenta de que con cada grupo de gente que me relaciono adopto un rol distinto, una máscara... quizás lo haga todo el mundo, incluso de manera mucho más acusada; de hecho pienso que soy una persona a la que externamente no se me notan esos cambios adaptativos, pero desde mi perspectiva todo es distinto.

Desde dentro cada vez que entro en un grupo que conozco bien me deformo de una forma grotesca, me transformo en aquel 'yo' que un día fue aceptado y valorado entre esa gente, y no sé si detrás de toda esa deformación sigo siendo yo mismo en realidad, o si es que soy muchas personas a la vez... o directamente no soy ninguna de ellas.

Y lo peor... lo peor viene cuando me encuentro a la vez en varios grupos. Mi mente se tensa ante la imposibilidad de adaptar dos roles simultáneamente, y acabo optando por la tranquilidad de alejarme de todo e intentar "ser".

Y en realidad no sé si lo consigo.

viernes, 27 de febrero de 2009

Escritura pseudo-automática


Tirando de reservas. Viviendo de recuerdos: Malviviendo.
Una persona necesita ilusiones. Necesita nuevos recuerdos para no gastar los viejos. Y yo a veces te recuerdo tanto que me da miedo gastarte, pero la distancia es ya insalvable y, en realidad, creo que hace ya mucho tiempo que dejé de querer saltar para salvarla.
Tu lado me reconforta... pero no sé si es sólo por comparación al vacío de mi propio lado.
¿Y si cuando sea viejo no me recuerda nadie?

[garabatos]

¿Y si cuando sea viejo no recuerdo a nadie?
¿Y qué más da? El mundo se va a enterar igual que si nunca hubiera existido. El único al que realmente le importa es a mi, y a veces no estoy seguro de ello.
Dicen que las cosas cambian cuando menos te lo esperas, pero yo ya no sé esperar menos.
Pasa día tras día, mal cumpliendo con mis obligaciones más o menos voluntariamente aceptadas, raptando el entretenimiento más inútil cada segundo de mi tiempo, hasta verme aquí tirado en la cama, esclavo de un impulso irrefrenable de escribir todo cuanto pase por mi cabeza, con miedo a que seque al final la poca tinta que le queda a este viejo bolígrafo, porque en ese momento mis pensamientos volverán a ser fútiles, presos de su fugacidad.
Muerte y sangre en mi propia habitación sería un título cojonudo.

Ven, lenta muerte del sueño, a llevarme de nuevo a pequeños refugios de imaginación, a esconderme de esta realidad gris, a encerrarme en mejores vidas para volver a ésta otra vez (cuando me despierte la mañana).

lunes, 19 de enero de 2009


Volver a verle las orejas a la realidad.

A ver una realidad en la que no me gusta estar.

Ver una realidad que me asusta.

Una realidad que no puedo evitar.

Que no quiero evitar.

No tengo ganas de salir huyendo.

Tengo ganas de quedarme aquí tirado mientras me devora.

sábado, 3 de enero de 2009

La paciencia es amarga, dejar pasar el tiempo esperando a que algo cambie, aun a sabiendas de que puedes forzar su cambio.

Es mucho más cómodo quedarte en el colchón para que tú mismo entres por la puerta y te digas "pobre yo, el mundo me sobrepasa", y te des la palmadita en la espalda.

Eso no sirve de nada...

¿Realmente merece la pena el mundo ahí fuera? Puede que no, pero el mundo de ahí fuera es lo único que hay y, creete, sabes que entre toda la mierda hay pequeñas cosas que sí que la merecen. Pequeñas grandes personas capaces de la colosal proeza de alegrar por un rato tu estancia aquí. Pequeños grandes gestos capaces de calmar la sed.

Voy a por agua.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Generalmente hace más daño el miedo al fantasma que el fantasma en sí mismo.

jueves, 4 de diciembre de 2008


En una mano llevaba atada la felicidad. En la otra, la tormenta para ambos.

Dios sabe que nunca quiso ver zozobrar mi barco, azotado por las mareas que ella provocó, pero también que era peor aquella felicidad; aquella banal felicidad que la había satisfecho tanto tiempo había virado últimamente hacia un tono más pálido. La cama se había destemplado y el cálido edredón que conformábamos la tela y mi cuerpo no era ya tal cosa.

Hacía ya tiempo que seguía adelante como un rollo de papel: avanzando por inercia, dejando parte de sí misma en el camino, y de seguir así habría quedado tan desnuda e inservible como el cartón.

Había que elegir entre dos.

Y los dos perdimos.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Existen días, como hoy, en los que todo tiene color.

El amarillo de levantarme temprano por la mañana, hacer deporte, ver el mundo moverse a mi mismo compás...

El verde de desarrollar también la mente estudiando, leyendo, jugando también un rato en tonos rojizos, tocando mi blanca y nacarada batería, deleitándome con sus destellos.

El azul de mi propia habitación, tan grande en estos momentos que puedo recorrerla libremente sin terminar nunca su horizonte, y es negra la noche cuando me asomo a la ventana, y entre la oscuridad miles de pequeñas motas de colores resistiendose a dormir.

Hay muchos días grises pero hoy, quizá gracias a ellos, el mundo tiene más color.

viernes, 21 de noviembre de 2008


Hoy me he visto de nuevo inmerso en un mundo que me resulta totalmente carente de sabor, sin satisfacciones, sin metas a las que aspirar y, lo peor, sin caminos que me lleven hasta ellas, que hagan del día a día algo con significado y no meramente un espacio temporal que hay que atravesar para llegar al dia siguiente.

Falto de motivaciones.

Y lo peor está por llegar: esto suele ser el eco perdido que desata el alud de la montaña que acaba arrasando con todo.

domingo, 16 de noviembre de 2008


Lo que hemos vivido, para nosotros queda.

Lo que vivamos desde ahora... tendrá que quedar para cada uno.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Lobo estepario


Supongo que todos, en mayor o menor medida, nos sentimos como Harry Haller y su pequeño gran Lobo Estepario interior. Siempre me he tenido por un chico muy inteligente, y quizás ese ha sido mi problema... la música "normal" nunca me ha llenado, y he buscado por los recovecos de mi vida lanzar el sedal a ver qué pez sacaba, buscando con ansia esa riqueza en matices que no encontraba por los caminos convencionales.

El colegio nunca me supuso esfuerzo alguno, y pasé sin pena ni gloria curso tras curso, con notas aceptables, gracias a las cuales nunca me fue enseñado que las cosas cuesta trabajo conseguirlas (esa falta de constancia me sigue pasando factura en mi mediocre expediente universitario). Pero en casa en esa época me tenían por trabajador gracias a mi modesto expediente y me recompensaban por ello con creces (no es tampoco ningún secreto a ocultar que vivo en una familia moderadamente acomodada).

Poco a poco el tiempo pasó, y a partir de los 14 o 15 años empiezas a desarrollar una personalidad, una forma de entender la vida, la ordenación social, la política; que va chocando de forma más o menos frontal con personas que, hasta entonces, habían sido excelentes compañeros de risas y juegos. Quizá aquí también haya jugado su papel esa inteligencia relativamente destacable de la que hablo.

Lo preocupante es que cada vez encuentro menos gente que me satisfaga intelectualmente, menos gente con la que me agrade pasar un rato hablando. Cada vez soy más irritable y me molesta la ostentación de la más profunda subnormalidad que por desgracia es poco a poco más frecuente ver por la calle.

Es ahora cuando más me está atacando mi pequeño lobo estepario, haciendo brotar en mi interior un afán de soledad más por odio a la sociedad que por propia necesidad. Me gusta hacer cosas solo. Pasar largo tiempo en la intimidad de mi cuarto cada vez me cuesta menos...

Pero a la vez al término del día siento que el humano que hay en mí necesita sus dosis de cariño, que somos seres sociales y estar totalmente solo tampoco me sienta bien.

Y entonces me doy cuenta de que a estas horas, necesitado de calor humano, me encuentro envuelto en el frío de la noche esteparia, en la soledad que yo mismo me he procurado... y descargo mi ahogo en estas palabras, no sé si como llamada de auxilio, no sé si pidiendo ayuda o, sencillamente, tratando de vomitar aquello que oprime mi garganta...

domingo, 2 de noviembre de 2008


-Levanta de ahí y escribe algo... te sentará bien.

-No tengo nada que contar... ¿qué quieres que escriba?

-Lo que sea... tú eres el creativo, el que siempre está triste, el melancólico... y además es ya tarde, y llevas días sin poner nada aquí, cuenta lo mal que lo pasas día a día en este mundo que no es más que un mar enorme en el que perdernos o cualquier chorrada similar.

-Si son chorradas, ¿para qué voy a escribirlas? Déjame, sólo quiero quedarme aquí tirado, con mi música.

-Como quieras... pero tienes que salir algún día, se te va a atrofiar el corazón de no usarlo.

-Quizá algún día salga. Quizá algún día vuelva a encontrar ejercicio para él... pero ahora no hay nada con qué alimentarlo, así que déjame en paz con mi guitarra.

[...]

-¿Te ha sentado bien?

-¿El qué?

-Escribir algo.

-No lo sé... puede... ¿Tú no te ibas?

sábado, 25 de octubre de 2008

Ahora se supone que estoy centrado en mis cosas.
Se supone que me cuido, que cuido también a los que me rodean, que dedico tiempo muchas cosas que dejé desatendidas...
Se supone que esto debería ser el inicio de una nueva vida más reconfortante.

Pero la verdad es que no estoy seguro de ello. Cada paso que doy en la vida todo se vuelve más complicado y la alegría y despreocupación de tiempos pasados parece que han dado paso precisamente a mundos más grises, cargados de obstáculos y trampas que frustran mi intento de sentirme a gusto de nuevo.

Es cuando ya cicatrizan mis heridas recientes que examino mi cuerpo y extrañamente hay veces que vuelven a escocerme heridas que hace ya mucho tiempo que cicatrizaron.

Hay músicas demasiado relacionadas con partes de mi memoria que un dia sepulté, capaces de levantar la losa que les puse encima para arañar y hacer sangrar de nuevo...

Ahora me toca vivir así, y a mi más bien esto me parece un entrevida... navegando sin rumbo fijo, una vez reparado mi barco, sin tener que esforzarme por sobrevivir.

Todo es demasiado extraño ahora: Llevo tanto tiempo siendo parte de un nosotros que parece que se me ha olvidado cómo ser yo.



Disculpen la caótica exposición de sentimientos, pero hoy no tengo fuerzas para ordenarlo todo antes de plasmarlo aquí.

martes, 21 de octubre de 2008


Bang, me apuntaste y bang, me quisiste borrar
de este planeta y me he escondido en otro.

No quiero más sorpresas porque ya no hay más,
y si no hay más te jodes pero ya no hay más.

El Hombre Burbuja

martes, 7 de octubre de 2008


Me encuentro ahora, ahora que ha pasado la tormenta, ahora en un claro, ahora en disposición de seguir navegando, con el hecho de que he estado siguiendo un rumbo durante toda mi vida que ya no me vale. Y oteo el horizonte con cierta ilusión, feliz de haber salido vivo del ojo del huracán, pero sin saber ahora hacia donde dirigir mi proa. Navego pues a donde me lleva el viento, atendiendo a otros fines que no termino de considerar tan importantes como aquel que me guió desde hace casi ocho años.

Sé que tengo que conseguir cambiar toda mi forma de navegar por este mundo, que precisamente lo más importante no es aquello en lo que más empeño puse, pero los malos hábitos son los más difíciles de erradicar, y sirvan como ejemplo mis castigadas uñas...

Pero hasta ellas conservan la ilusión de que algún día los fuertes de la clase dejen de arrancarles trozos sin ningún pudor.

Es ahora que no sé cómo se afronta la vida, que hay tanto mar a mi alrededor que no me distingo en el mapa, y a veces pienso que no soy yo el dueño de mi rumbo, que están mis manos limpias de los callos necesarios para agarrar el timón y encarrilarlo todo, y lo peor es que me planteo si realmente tengo ganas de girarlo, o por el contrario quiero dejarme llevar por la desidia hasta que el viento encalle mi barco en otra playa perdida.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Aprendemos desde pequeños a mantener la proyección vertical de nuestro centro de gravedad dentro de una base estable, primero formada por nuestra propia barriga, luego por manos y rodillas para acabar manteniéndola siempre en el rectángulo marcado por nuestros propios pies.

De otro modo aprendemos que hay también que mantener otro tipo de equilibrio, uno mucho más sutil que no se ve. Ese otro centro de gravedad hay que saber encuadrarlo dentro de bases de diversas formas cuyos pilares son personas.

El primer vértice de esa base es uno mismo, y si intentas mantener el equilibro sin él fracasarás estrepitosamente.
Los siguientes son los formados por la familia, y con ellos empiezas a hacer crecer una base sobre la que aprender a no caerte.
Luego vienen los amigos, que cambiarán la forma de tu base a lo largo de tu vida de forma más o menos significativa.
El último es la pareja, que aunque no es estrictamente necesario, suele aportar un grado de amplitud extra a esa base.

Entre todos estos vértices hemos de conseguir crear un polígono (que variará en el tiempo, eso es inevitable) dentro del cual mantener la proyección de ese otro centro de gravedad que la física no es capaz de calcular y mantenerlo grande y estable el mayor tiempo posible.

Habrá veces que algunos pilares caerán, reduciendo de golpe esa superficie en la que nos apoyamos, en esos momentos puede que el desequilibrio producido pueda incluso hacernos caer... y es sin duda entonces cuando más puedes apoyarte en los otros para volver a levantarte.

sábado, 20 de septiembre de 2008

inercia

inercia.

(Del lat. inertia).

1. f. Mec. Propiedad de los cuerpos de no modificar su estado de reposo o movimiento si no es por la acción de una fuerza.


Todos vivimos cargados de ella por nuestra propia constitución corpórea, de forma que necesitas energía para arrancar un movimiento, para dejar esa silla en la que estás sentado y salir a la calle para comprobar que hay vida más allá de esa pantalla, que hay muchos recursos en este planeta esperando ser explotados...

Porque esa inercia también está presente en nuestra forma de ver el mundo, de ver a otras personas, de forma que también hace falta energía para, además de que tu cuerpo físico salga de tu cuarto, de tu casa, y se llene de aire nuevo; para que tu mente arranque también, para dejar de ver el mundo de forma gris y monótona, para que las cosas vuelvan a ilusionarte.

Y sé que he de encontrar fuerzas, pero no sé dónde.

martes, 16 de septiembre de 2008

El duelo.

-Te reto a un duelo.
-¿Cómo?
-Que te reto a un duelo. Sé que de seguir así voy a acabar destrozado, vas a acabar matándome, así que exijo la oportunidad, al menos, de defenderme...
-Yo no quiero combatir en nada contra ti... no quiero hacerte daño, ¿te has vuelto loco?
-Pero ya lo estás haciendo. Cada día me desgastas un poco más. Tú lo sabes y yo lo sé. Sólo creo que merezco una oportunidad.
-Pero... ¿estás hablando en serio?
-Completamente.
-¿Y cómo quieres que nos batamos en duelo?
-En esa caja hay algunas armas viejas: espadas, cuchillos, un mosquete y creo que una ametralladora de la guerra... mi abuelo las coleccionaba. Elige lo que quieras de ahí dentro, yo elegiré también.

Ella se dirigió aturdida hacia la caja, y rebuscó incrédula entre su contenido.
-Hay una carta, yo elijo la carta.
-¿Qué? No puedes elegir la carta, no es un arma... ¡ni siquiera sé qué hace ahí!
-Tú has dicho que elija lo que quiera de la caja, y yo elijo la carta.
-No puedes elegir eso, estarías en desventaja.
-Pues no pienso coger otra cosa.
Él se dio por vencido... En realidad ni siquiera viéndose en peligro inminente sería capaz de hacerle daño.



Tres meses después encontró una carta en el buzón, la leyó con ansia, sabiendo que cada palabra estaba atravesando su carne y su alma, derramándolo por completo. El cuerpo aguantó lo justo para terminar de leerla antes de desplomarse, desprovisto ya de toda razón de existencia.

viernes, 12 de septiembre de 2008


Conozco demasiado bien cómo es esa primera vez.
Ese primer momento en el que se vencen todos los nervios.
Ese que has estado imaginando tanto tiempo.
Ese en el que todo el mundo calla, espectante.
Ese en el que tú sabes lo que va a pasar, y ella también.
Ese en el que aun así, nadie se atreve a dar el paso...

Hasta que se rompe la quietud.
Te lanzas al vacío en el mejor de los saltos...
En ese instante se dispara la adrenalina y el movimiento del mundo se vuelve vertiginoso y hasta tu alma comienza a girar con frenesí, saltando y moviéndose en pleno éxtasis, tanto que salta desde tu boca a la de ella, cruzándose con su alma, que por un momento entra en ti y te hace estremecer hasta los últimos confines de tus recuerdos, porque hasta los recuerdos se tambalean en ese momento...
Tanto que no tienes memoria, ni noción del tiempo, ni presente, ni pasado ni futuro. Y sólo existe ese contacto de los labios que hace contactar también de alguna manera cada célula de su cuerpo con cada célula del tuyo.

Después la tierra deja de dar mil millones de vueltas, vuelve a rotar lenta y pausada, el corazón se relaja, y cada alma es devuelta a su lugar, henchida de la experiencia vivida, estirando con fuerza el corazón para que esta nueva sensación tan sumamente grande pueda tener cabida dentro de él.

Lo malo de esto, y lo bueno a su vez, es que es terriblemente adictivo...

domingo, 7 de septiembre de 2008

Cinco de la mañana de un sábado de verano. Entre los dedos, un teclado (lejos quedaron ya los lápices de grafito y los cuadernos de papel). Entre las sienes, millones de neuronas trabajando en armonía.

A veces me arrepiento de todo esto, del escaparate dentro del cual soy maniquí, exhibiendo las palabras que mejor me sientan para llamar la atención del transeúnte...

Es la propia sociedad, o quizá es mi propia naturaleza, la de todo el mundo, que nos dota de la necesidad de la aprobación, de sentirnos admirados, queridos, aunque sea de una forma insustancial, aunque no nos importe lo más mínimo (o más bien aunque así lo creamos).

Hoy leí un breve texto en el cual se describía a una fila de niños en un orfanato, esperando la elección de una madre adoptiva. De repente uno de los niños salta todas las normas de protocolo, tirando por tierra su dignidad, mostrando cuan desesperado está lanzándose contra la mujer:

-Elígeme a mí, que soy el mejor.

Burda mentira, fruto de su necesidad de cariño, de ser finalmente el niño que destaca de entre los demás, causando la admiración de la señora para obtener él el ansiado premio.

Esta noche puede que me sienta yo como el egoísta niño que pretende el premio a toda costa, puede que el vacío y el frío de mi alma hacen de esta una noche especialmente amarga, ya que solo hay un tipo de manta capaz de abrigar un alma, y yo he perdido la mía...

Y me temo que lo que queda es afrontar este invierno con o sin valor, y esperar a que el roce con el aire gélido haga callo en mi fina piel, para finalmente fabricar yo mismo esa manta que guarde el calor que antes busqué en otra persona.

miércoles, 3 de septiembre de 2008


Y es ahora que a veces pienso en ti sin que me duela, ahora que asomo poco a poco un ojo, y luego otro por encima de mi manta; y saco la mano tímida, y los brazos, y me levanto.
Y a veces incluso no siento frío, y veo colores, y un dia soleado tras la ventana, y parece acogedor e incluso divertido:

jardín,
verdes,
calor,
piscina,
azules,
fresco,
asfalto,
grises...

grises.


Sí, también todo puede volverse gris de nuevo en cualquier momento. La diferencia es que ya no le tengo miedo.

sábado, 30 de agosto de 2008

Hay veces en las que, sin motivo aparente, el mundo te hace sentirte pequeño.



Sentirte pequeño, muy pequeño; cuando algo se vacía en el centro del cuerpo, cuando lo único en lo que piensas es en echarte una manta por encima para no perder el calor que no eres capaz de mantener tú solo...



Sentirme pequeño, diminuto ante la adversidad, viendo el mundo como algo tan grande, complejo e inalcanzable que lo único que inspira es miedo. Miedo a salir de tu ciudad, de tu barrio, de tu casa, de tu cuarto...

sábado, 23 de agosto de 2008


Soy la persona más técnica del mundo. No entiendo la vida fuera de la armonía de la física y la matemática. Todo es cuantificable, sumable, restable, multiplicable y dividible...

Y lo que no lo es, es porque todavía no hemos hallado la manera de hacerlo.

Sin embargo... no entiendo los amores calculadora. Mis escuadras, cartabones, compases; mis integrales, derivadas, razones trigonométricas; mis cálculos y mis precisos dibujos con potentes herramientas informáticas no son capaces de dibujar corazones ni personas.

No prevén comportamientos más allá de los objetos, no alcanzan a explicar qué ocurre dentro de las personas más allá de fuerzas motrices, fluidos que se oxidan y desoxidan, neuronas que se electrifican...

Trato de comprender el mundo y el universo entero... y sin embargo hace tiempo que desistí en mi empeño de medirme a mí mismo ni a la gente que me rodea.
He aprendido que no existe cálculo capaz de expresar dolor ni alegría, amor o desconsuelo...

Este otro universo, tan cálido unas veces, tan gélido otras, no hay que estudiarlo. Hay que sentirlo.

Y con la calculadora en la mano no es posible hacerlo.

viernes, 22 de agosto de 2008

Pensar en ti en mi cuarto mientras escucho a Matt Eliott, y recordar aquella primera vez que lo vimos juntos, mirar mi cama y verte en ella, despertando, con los ojos hinchaditos y revivir cómo de esa manera nos despertábamos felices ajenos a cualquier otra cosa; Tomarme un té, un café, un nesquick, un calippo y no poder desvincularlos de tu recuerdo...
Es romántico, pero duele.

Haber estado tanto tiempo esperando en secreto a que volvieras a mi lado, albergando esa posibilidad sin querer arrancarla, porque es una parte de mi mismo.
Tratar de arrancarte de mí ahora mismo, que me he dado cuenta de que no hay esperanza posible...
Es romántico, pero duele.

No conseguirlo a pesar de los días que pasan, que me siga doliendo ver las paredes de mi cuarto, verme a mi mismo, porque hasta yo me recuerdo a ti. Pensar que el país y el mundo entero me va a recordar a ti toda mi vida, y querer escapar a otro planeta, desierto e inhóspito, para que nada de lo que haya allí me vuelva a traer tu imagen...
Es romántico, pero duele.

lunes, 18 de agosto de 2008

¿Será un adiós o un hasta luego?

Tiempo y distancia.
Son los peores enemigos de los sentimientos más profundos, de las relaciones más auténticas.

El tiempo atenta dia a dia contra nuestra personalidad, erosionandola y limando poco a poco nuestra propia forma de ser, consiguiendo crear nuevas formas, nuevas personalidades. Lo curioso del tiempo es que no solo lija asperezas, sino que también tiene la manía de crear nuevas zonas abruptas en uno mismo, dando lugar a irritaciones al tratar con cosas que antes incluso podían agradarte.

La distancia, por ser distancia, hace que no estemos al lado de la otra persona, de forma que todas las zonas que encajaban tan perfectamente empiecen a ser cinceladas de nuevo, para no ser nunca más como una vez fueron.

Es posible que aun así perduren esas hoquedades en las que entraban las protuberancias del otro, y esas pretuberancias que tan bien se amoldaban a las hoquedades del otro y, realmente, así lo quisiera. De ser así podría decirse que, finalmente, triunfó el amor.

En cualquier caso cuando volvamos a saludarnos no seremos nosotros. Seremos un tú y un yo distintos, hasta el punto en el que un abrazo sentirá extraño; un beso habrá perdido calidez; una caricia... no será capaz de escarbar tan por debajo de la piel.

Espero, sinceramente, que todas estas dilucidaciones caigan en saco roto y sean solo eso, vagas divagaciones del momento.

Espero que dentro de unos dias no nos digamos adiós, sino hasta luego.

sábado, 16 de agosto de 2008


Para desconectar un circuito de alto voltaje es necesaria mucha energía, generalmente un golpe seco que separe mucho y rápidamente las dos láminas que hacen contacto para que no se produzca un chispazo, ya que la propia circulación de la electricidad tiene como manía el intentar seguir fluyendo, haciendo para ello el intento de mantener unidos los bornes, pegando chispazos de rabia cuando no lo consigue.

Cuando entre dos personas circula mucha intensidad... ocurre lo mismo: Las leyes de la física nos dicen que al separarte poco a poco, necesariamente hay momentos en los que salta un arco voltáico... No tiene por qué ser malo ni dañino, a veces solo resulta una forma de canalizar parte de lo que todavía queda. Otras veces, por desgracia, ese chispazo quema.

Cuando hay tanto por fluir, contenerlo se vuelve una tarea de lo más dura.


Perdón por la ausencia, pero he estado de vacaciones en parte alejandome un poco de todo... y creo que me ha venido bien.

No puedo negar que me sentí algo frustrado cuando nadie dio señales de vida en el llamamiento anterior y dejé un poco abandonado esto, ya que, como expliqué anteriormente, quizá el saber que todas estas palabras no quedan en el limbo, hace de alguna manera de pañuelo para secar mis mejillas. Gracias pues, a la persona que respondió.

Perdón también, para terminar, por la falta de inspiración de hoy.

sábado, 19 de julio de 2008

No sé realmente si alguien lee esto.
De ser así me agradaría saberlo, aunque fuera mediante un simple comentario anónimo en blanco...

La verdad es que no sé si me gustaría que alguien leyera asiduamente los lamentos más profundos de mis más macabras historias de amor, pero sí que me gustaría saberlo si alguien lo hace.

Si estás ahí, gracias por leerme, porque supongo que si entras asiduamente será porque algo de lo que soy yo te ha llegado. Que has encontrado en una de las piezas de mí mismo que expongo, una igual o parecida a alguna de las que te componen a ti.

Quizá solo esté escribiendo para nadie, igual que hago en el pequeño bloc que guardo debajo de mi cama, pero de alguna forma esta... "temeridad" de dejarlas en un sitio muy escondido, pero a la vista de todos, hace sentir que en realidad comparto mis lágrimas con alguien que, de alguna forma, me las seca.

Creo que dejo ya de divagar por mi encharcada mente... ha sido una noche muy intensa.

Buenas noches.
Y es que encontré en ti un sitio tan cálido que mi grasa ya no me hizo falta, y tan suave que mi piel dejó de tener función, y no se me ocurrió jamás volver a asomar la cabeza y viví dentro de ti tanto tiempo que las tiré a ambas lejos de mí, para poder sentirte mejor.

Y es ahora que estoy fuera, que todo es frío y áspero, que todo escuece y quema, que ando refugiandome entre tus carnes cuando me lo permites, intentando entrar de nuevo al sitio del que fui desterrado.

Así será, hasta que mi nueva piel seque, se llene de grasa y pueda otra vez por mis propios medios aislarme de esta mierda de mundo.

martes, 8 de julio de 2008

Una guerra desnaturalizada














Una guerra es terrible siempre: reproches silbando de un lado a otro, besos incendiarios, preguntas corrosivas, verdades asfixiantes que cruzan una línea imaginaria que separa los dos bandos con el fin de hacerse daño hasta caer exhaustos de llanto.

Pero sin duda hay guerras peores que otras, y cuando la guerra está desnaturalizada se convierte en una guerra de locuras, donde la línea roja que separa a ambos bandos se convierte en una espiral de trazo discontinuo, donde un soldado no sabe ni siquiera a qué bando pertenece, ni a donde disparar...

Esas otras guerras, difuminadas, manchas en el cerebro y en el corazón que recuerdan tiempos pasados. Manchas también en los ojos, que no saben ya distinguir el presente (ni mucho menos el futuro). Manchas en las manos, que cubren las yemas de los dedos, para hacer del tacto de la piel algo extraño e irreconocible. Manchas en lo más profundo de los tímpanos, con el fin de oír siempre las peores invenciones que puedan ocurrirse, haciendo que duelan hasta las palabras más dulces. En la lengua también hay manchas, y en el interior de las fosas nasales, haciendo de olores y sabores de sobra conocidos, que en otro tiempo significaron perfectas tardes disfrutando en compañía, los peores precursores de recuerdos dolorosos.

Y al final ya ni sé si me encuentro solo o en compañía, ya no sé ni en dónde vivo, ni si mi corazón sigue latiendo en mi pecho o no, o es el de ella, que se ha quedado para siempre a dormir conmigo.
Ni siquiera sé ya si los besos los debo disparar a esa cara o a esos labios...

domingo, 27 de abril de 2008

Eras la chica del tejado de al lado, te conocí una noche de hace ya año y pico. Somos pocos los que frecuentamos nuestros solitarios tejados para admirar las estrellas desde abajo, y el mundo desde arriba, y a mitad de ese movimiento de cabeza de arriba abajo te encontré.

Congeniamos. Me gustaste... e inicié una larga carrera sin saber ne realidad si llegaría hasta tí o no. Al pisar la última teja salté, salté confiado en que el siguiente pié que pusiera en firme sería en tu tejado, habría llegado a tí y podríamos desde entonces admirar cielo y tierra juntos, compartir nuestros rincones, nuestras curiosidades...

Y no me dí cuenta de que ese abismo, en el fondo, era insalvable.

Fué un salto precioso, cerca de ocho meses volando y viendote cada vez más cerca.

Ahora ya no estoy en mi tejado, lo aposté y lo perdí, ahora yazgo magullado en la calle, con el cuerpo roto, y al mirar hacia arriba ya no veo cielo, sino tu tejado. Y al mirar hacia abajo, ya no veo mundo, sino mi sangre.

sábado, 26 de abril de 2008

No seremos nada, nada de lo que un dia imaginamos. La casa al lado de un lago, perdida, pequeñita, en Canadá, ha sido demolida tan repentinamente que no me dió tiempo a salir de ella, y dentro he quedado, magullado y malherido...

Porque en este divorcio lo que queda por repartir son nuestros sueños, y ninguno de los dos parece tener ganas de batallar por ellos.

Quizá encima de las ruinas de esa casa tú o yo construyamos un dia otra, que aunque cerca en la distancia, lejos quedará de albergar lo que un dia quisimos que albergara, porque ya no seré yo, ni tú serás tú, y nunca podrá haber bajo su techo un nosotros.

domingo, 20 de abril de 2008

Como en una mala resaca, mi cuerpo cada mañana trata de vomitar todo lo vivido, todo lo dañino, para quedar de nuevo limpio y volver a afrontar la vida con optimismo. Pero a pesar de las arcadas ni un trozo de tí consigo arrancar de mi estómago.

Y nada sale...

Y se repite dia tras dia, minutos de pesadumbre arrodillado ante el váter, esperando que salgas, esperando tirarte dentro para ver cómo el agua te arrastra lejos de mí, quedando limpio para poder volver a vivir, volver a sentir... incluso a tí.

Y nada sale...

Y mis ojos achican el agua que me inunda, pero es insuficiente, porque un dia tragué más de lo que debia, sin saber que aquel agua tan limpia, tan pura, en el fondo de su corazón, veneno portaba.

Y hoy, de nuevo, nada sale.