domingo, 27 de abril de 2008

Eras la chica del tejado de al lado, te conocí una noche de hace ya año y pico. Somos pocos los que frecuentamos nuestros solitarios tejados para admirar las estrellas desde abajo, y el mundo desde arriba, y a mitad de ese movimiento de cabeza de arriba abajo te encontré.

Congeniamos. Me gustaste... e inicié una larga carrera sin saber ne realidad si llegaría hasta tí o no. Al pisar la última teja salté, salté confiado en que el siguiente pié que pusiera en firme sería en tu tejado, habría llegado a tí y podríamos desde entonces admirar cielo y tierra juntos, compartir nuestros rincones, nuestras curiosidades...

Y no me dí cuenta de que ese abismo, en el fondo, era insalvable.

Fué un salto precioso, cerca de ocho meses volando y viendote cada vez más cerca.

Ahora ya no estoy en mi tejado, lo aposté y lo perdí, ahora yazgo magullado en la calle, con el cuerpo roto, y al mirar hacia arriba ya no veo cielo, sino tu tejado. Y al mirar hacia abajo, ya no veo mundo, sino mi sangre.

No hay comentarios: