No seremos nada, nada de lo que un dia imaginamos. La casa al lado de un lago, perdida, pequeñita, en Canadá, ha sido demolida tan repentinamente que no me dió tiempo a salir de ella, y dentro he quedado, magullado y malherido...
Porque en este divorcio lo que queda por repartir son nuestros sueños, y ninguno de los dos parece tener ganas de batallar por ellos.
Quizá encima de las ruinas de esa casa tú o yo construyamos un dia otra, que aunque cerca en la distancia, lejos quedará de albergar lo que un dia quisimos que albergara, porque ya no seré yo, ni tú serás tú, y nunca podrá haber bajo su techo un nosotros.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario