sábado, 26 de abril de 2008

No seremos nada, nada de lo que un dia imaginamos. La casa al lado de un lago, perdida, pequeñita, en Canadá, ha sido demolida tan repentinamente que no me dió tiempo a salir de ella, y dentro he quedado, magullado y malherido...

Porque en este divorcio lo que queda por repartir son nuestros sueños, y ninguno de los dos parece tener ganas de batallar por ellos.

Quizá encima de las ruinas de esa casa tú o yo construyamos un dia otra, que aunque cerca en la distancia, lejos quedará de albergar lo que un dia quisimos que albergara, porque ya no seré yo, ni tú serás tú, y nunca podrá haber bajo su techo un nosotros.

No hay comentarios: