Hoy todo es más reposado, aprendimos poco a poco, grano a grano a entender el nuevo idioma, a leer en los gestos, en las situaciones, a saber cuándo hay batalla y cuándo hay que retirarse y recoger los trastos; a degustar sonidos, ambientes, momentos, victorias... a paladear dolores, tensiones, hedores, derrotas...
Aun así, es divertido de vez en cuando recordar cómo fuimos y enfundarnos en la piel de la pubertad. No está mal un 'jiji' 'jaja' de vez en cuando.
