domingo, 27 de marzo de 2011

Hay algo que es mucho peor que la peor de las noticias, y eso es la incertidumbre de la misma.

La muerte no es tan mala como otros males a priori no tan dramáticos, precisamente por nuestra certeza de ella. Como seres sociales (y es irónico que sea yo el que diga esto), necesitamos contacto, necesitamos respuestas, especialmente de nuestros seres más queridos, necesitamos sentir que están ahí, hasta en los momentos en los que menos quieres verlos. Necesitamos saber que van a estar ahí a pesar de los pesares, y la incertidumbre del 'no saber' es mucho más amarga que la certeza del peor mal.

Supongo que todo viene de nuestro instinto animal del miedo a lo desconocido, de no saber afrontar lo que venga. Si tienes delante algo que ves, oyes, sientes, conoces... puedes empezar a idear estrategias para abordarlo, puedes empezar a evaluar las posibles situaciones, incluso elucubrar lo mal parado que puedes llegar a salir, y eso es tranquilidad en la tormenta.

La ansiedad de lo oscuro, la gota fría por el cuello, el vacío en el pecho... a eso no se acostumbra uno nunca.

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