sábado, 23 de agosto de 2008


Soy la persona más técnica del mundo. No entiendo la vida fuera de la armonía de la física y la matemática. Todo es cuantificable, sumable, restable, multiplicable y dividible...

Y lo que no lo es, es porque todavía no hemos hallado la manera de hacerlo.

Sin embargo... no entiendo los amores calculadora. Mis escuadras, cartabones, compases; mis integrales, derivadas, razones trigonométricas; mis cálculos y mis precisos dibujos con potentes herramientas informáticas no son capaces de dibujar corazones ni personas.

No prevén comportamientos más allá de los objetos, no alcanzan a explicar qué ocurre dentro de las personas más allá de fuerzas motrices, fluidos que se oxidan y desoxidan, neuronas que se electrifican...

Trato de comprender el mundo y el universo entero... y sin embargo hace tiempo que desistí en mi empeño de medirme a mí mismo ni a la gente que me rodea.
He aprendido que no existe cálculo capaz de expresar dolor ni alegría, amor o desconsuelo...

Este otro universo, tan cálido unas veces, tan gélido otras, no hay que estudiarlo. Hay que sentirlo.

Y con la calculadora en la mano no es posible hacerlo.

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