martes, 7 de octubre de 2008


Me encuentro ahora, ahora que ha pasado la tormenta, ahora en un claro, ahora en disposición de seguir navegando, con el hecho de que he estado siguiendo un rumbo durante toda mi vida que ya no me vale. Y oteo el horizonte con cierta ilusión, feliz de haber salido vivo del ojo del huracán, pero sin saber ahora hacia donde dirigir mi proa. Navego pues a donde me lleva el viento, atendiendo a otros fines que no termino de considerar tan importantes como aquel que me guió desde hace casi ocho años.

Sé que tengo que conseguir cambiar toda mi forma de navegar por este mundo, que precisamente lo más importante no es aquello en lo que más empeño puse, pero los malos hábitos son los más difíciles de erradicar, y sirvan como ejemplo mis castigadas uñas...

Pero hasta ellas conservan la ilusión de que algún día los fuertes de la clase dejen de arrancarles trozos sin ningún pudor.

Es ahora que no sé cómo se afronta la vida, que hay tanto mar a mi alrededor que no me distingo en el mapa, y a veces pienso que no soy yo el dueño de mi rumbo, que están mis manos limpias de los callos necesarios para agarrar el timón y encarrilarlo todo, y lo peor es que me planteo si realmente tengo ganas de girarlo, o por el contrario quiero dejarme llevar por la desidia hasta que el viento encalle mi barco en otra playa perdida.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No olvides que eres el Capitán de la tripulación, y que si has llegado a ese rango es porque sabes manejar el timón perfectamente.
Y si no es así, siempre tendrás a los grumetes, que te ayudaremos a girarlo cuando lo creas conveniente.
^^

UnBesote!:**