
No hay días, ni horas. Sólo momentos. Hay pequeños momentos de melancolía, y a veces en ellos divago por escrito y empotro por ahí (a veces por aquí) mis nulas pretensiones artísticas.
Por suerte últimamente tengo poco de eso, hay veces en la vida en las que las cosas fluyen solas, como encarriladas, y saludas al mundo que pasa debajo (-Hey, ¿qué tal te va?. -Todo bien. Todo va.), agitando la mano pausadamente, tranquilo, disfrutando del paisaje.
¿Por qué?... ¿Acaso importa? No lo sé. Ni me importa. Pero puestos a estar aquí, es bastante mejor cuando todo va que cuando el gris te inunda.
Hay pequeñas piezas con las que te topas, que hacen de tu viaje un sitio un poco más cómodo. Más sincero. Más sencillo. Es probable que esas pequeñas cosas sean precisamente las grandes destructoras del arte, que se nutre principalmente de la desdicha y el pesar de los más pudientes. Pero también estoy seguro que todos y cada uno de los grandes melancólicos de la historia habrían preferido una vida sencilla, sincera y cómoda antes que ese vacío que motiva su inspiración.
Aunque también (digo yo) hay quien se inspira dentro de su felicidad...
Yo soy demasiado egoísta como para compartirla.
Si vienen malos momentos, o pierdo parte de mi egoísmo, volveremos a vernos.

1 comentario:
Well, I guess that's pretty much now how I feel about relationships; you know, they're totally irrational, and crazy, and absurd, and... but
:)
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